La edad preescolar es una etapa con características propias, cuyos problemas, en los sistemas de educación más completos, se analizan vinculándolos estrechamente con el desarrollo posterior del niño.
¿QUIÉNES SON LOS PRESCOLARES? Son los niños desde su nacimiento a 5 años de edad. Podemos agruparlo de la siguiente manera:
Ø 0 – 1 año Lactantes
Ø 1 – 2 años Párvulos
Ø 3 – 5 años Infantiles
Estas divisiones se identifican con etapas del desarrollo. Los niños tienen una serie de características comunes ya que se desarrollan física, mental, social, emocional y espiritualmente.
En la infancia la mente del niño se nutre y se desarrolla por medio de sensaciones y percepciones. Auxiliada por los medios de los sentidos recoge constantemente impresiones de que la rodea en el pequeño mundo en que vive; y por percepciones que alcanza de personas y movimientos se nutre de ideales. Estos ideales son cada vez más reales y hallan expresión en la vida a medida que esta se desenvuelve y quedan fijos en el carácter. De ahí que el medio ambiente donde se desarrolla el niño tenga tanta influencia para delinear toda su vida futura. Debemos por lo tanto, cuidarnos mucho de que las sensaciones y percepciones que afecten al niño sean aquellas que deseamos ver manifestarse más tarde en su vida.
Las características y necesidades de los preescolares determinan las maneras en que el niño aprende y basados en su interés, el maestro selecciona las actividades de aprendizaje.
Características específicas del párvulo:
Ø Características Físicas: La actividad es la ley del desarrollo. El niño nos ofrece un ejemplo del movimiento continuo y esa actividad es indispensable para su desarrollo. Tienen un crecimiento rápido y se cansan rápidamente. La actividad fundamental durante esta etapa es la actividad lúdrica, o sea el juego.
La necesidad del ejercicio es imperiosa y casi no obedece a dirección alguna por parte del párvulo. El párvulo se mueve por necesidad, sin que su voluntad entre en juego, mientras que el niño de más edad se propone hacer algo definido y dirige todas sus actividades hacia el logro de sus deseos.
a) Su interés: Como la propia actividad agrada al párvulo, todo lo que se mueve en torno suyo le interesa. El movimiento de personas o cosas le atrae y cuando ve algún objeto parece preguntarse: “¿Para qué sirve esto?”, y si el objeto no se mueve deja de interesarle. Los animales llaman poderosamente su atención y desea tocarlos y jugar con ellos.
b) Sus limitaciones: Todo impulso en el párvulo es hacia la actividad, antes de los seis años el gobierno de sí mismo no se ha desarrollado aún. De lo cual deducimos que la ley de Dios para el párvulo es la actividad libre. El niño sano no puede permanecer en la inacción.
c) Su necesidad: Necesita que se le dé oportunidad para poner en juego su actividad, porque por medio de ella aprende y los padres y maestros deben procurar dirigirla, de manera que esta contribuya al desarrollo del niño. La actividad debe ser dirigida, nunca reprimida.
Ø Características mentales: Aprenden rápidamente de lo que tienen alrededor, aprenden de los cinco sentidos por lo que deben ser estimulados, tienen una gran imaginación, su vocabulario es limitado, predominando el lenguaje pasivo en lugar del activo, pero este vocabulario se enriquece rápidamente. Utilice historias en las que puedan entrar figuras y objetos que se puedan manipular, use recursos variados y breves. Su atención es breve, permítales mirar, palpar, oler y tomarse el tiempo que necesite. Respecto a la educación de los sentidos es bueno que el maestro conozca que por conducto de los sentidos el párvulo tiene comunicación con el medio ambiente en que vive y es el único medio de que dispone para llegar a conocer lo que le rodea en el mundo físico. Piensa auxiliado por las imágenes que son reflejadas en su mente por los sentidos. De ahí que el porvenir del niño en su desarrollo dependerá en gran manera de la cantidad, precisión y naturaleza de las percepciones sensoriales que reciba antes de los seis años.
a) Su interés: Todo lo que cae bajo la acción de los sentidos interesa al niño, especialmente lo que ve y puede tocar.
b) Sus limitaciones: El párvulo no puede concebir ideas abstractas.
c) Su necesidad: Desde el momento en que los sentidos representan un papel tan importante en la vida del niño, es de suma importancia que se les desarrolle debidamente. La educación de los sentidos no es cosa difícil, se consigue dando al niño ocasión de emplearlos en la forma más extensa y precisa que sea posible, el mismo niño facilita la tarea por el interés que manifiesta en todo lo que puede gustar, tocar, oler, oír, ver y ejecutar, así lo demuestra la alegría que experimenta en los juegos, como por ejemplo, cuando el niño, con los ojos vendados, palpa un objeto y luego trata de adivinar lo que es.
Además el párvulo necesita que la enseñanza se reduzca a lo concreto, por medio de lo que cae bajo la acción de los sentidos o por su parecido con algo que el niño ya conoce, por ejemplo: para llegar a saber lo que es el amor, necesita ver lo que por él hace alguien que le ama y llegar a comprender el amor de Dios por su parecido con el amor que sus padres le manifiestan.
Ø Características Espirituales: A veces oímos hablar de la fe del pequeñuelo, pero como la verdadera fe descasa sobre el conocimiento (la fe viene por el oír y el oír, por la palabra de Dios. Rom. 10:17) y el niño cree sin él, sería más propio hablar de su credulidad, puesto que cree todo lo que se le dice mientras no descubra que se le engaña.¡Cuán grande , por lo tanto, es la responsabilidad del maestro!
a) Su interés: El busca la verdad y como desea saber, escucha cuando se le habla con mucha atención.
b) Sus limitaciones: Para poder alcanzar los conocimientos que busca, el párvulo se ve obligado a confiar en la información que recibe por conducto de otros, pues son muy limitados sus conocimientos y experiencia.
c) Su necesidad: Necesita la verdad. No se le debe engañar nunca, las promesas que se le hagan deben cumplirse siempre. Debe contar con maestros dignos de la mayor confianza y respeto, a quienes pueda creer e imitar para su propio bien. Necesita conocer a Dios y confiar en Él, y se le debe enseñar a creer en el gran amigo de la niñez: Jesucristo.
Ø Curiosidad: Con mucha propiedad el niño ha sido llamado: signo de interrogación. Lo quiere saber todo, todo lo pregunta. La curiosidad es el hambre de la mente y es tan necesaria para el desarrollo de esta como lo es el hambre física para el desarrollo del cuerpo. El niño nace ignorándolo todo, pero muy pronto empieza a aprender. La curiosidad es el gran móvil de la inteligencia, que la impulsa a la averiguación, de la cual surgen los conocimientos necesarios para la vida. Cuanto más perspicaz es el niño, tanto mayor es su curiosidad respecto de lo que ve en torno suyo. La curiosidad es la precursora de la investigación que desempeña un papel importantísimo en el progreso del mundo.
a) Su interés: Excita la curiosidad del niño todo aquello que afecta su persona y le causa placer o dolor; por ejemplo los objetos que se mueven, las personas que observa, lo misterioso.
b) Sus limitaciones: El párvulo tiene poca fuerza de atención, por lo tanto esta es de escasa duración, pero estimulada hábilmente su curiosidad, la fuerza de atención aumenta y por lo tanto será mayor su duración.
c) Su necesidad: Necesita relacionarse con familiares, maestros y amigos que satisfagan su curiosidad, valiéndose para ello de la verdad. Sus maestros deben ser personas de mucha prudencia que sepan provocar su curiosidad y dirigirla hacia aquello que más conviene al niño. Necesita maestros que estén al tanto de lo que él desea aprender y descubrir. Se le deben educar los sentidos para hacer más fácil la tarea de satisfacer su curiosidad.
Ø Afectos: El párvulo es afectado por las emociones. El amor ocupa un lugar preferente en su vida emocional y puede llegar a ser el móvil de una vida útil. El niño es afectuoso por naturaleza; ama a las personas bondadosas y anhela ser amado por ellas.
a) Su interés: Le agrada observar las manifestaciones de bondad en las personas, aves y animales.
b) Sus limitaciones: El párvulo no alcanza a comprender el amor que no se exprese por medio de las palabras. No entiende que el alimento, el vestido y todo cuanto recibe de sus padres le evidencian su amor, a no ser que todo eso vaya acompañado de sonrisas, mimos y caricias.
c) Su necesidad: Así como los vegetales necesitan el calor del sol, el párvulo necesita el amor. Este debe manifestársele de manera que lo comprenda. Necesita que se le enseñe a amar de veras y a ser amable con todos, debe saber que el verdadero amor es activo y se ha de manifestar en la práctica del bien. Se le debe enseñar a amar y servir a Jesucristo.
Ø Imitación: Uno de los medios que utiliza el niño para desplegar su actividad es el instinto de imitación. Él imita todo sonido y movimiento. El instinto de imitación tiene suma importancia en el desarrollo del niño, porque representa un esfuerzo de su parte por colocarse en el lugar de la persona o cosa que imita. Su deseo es comprender lo que percibe y nunca llegará a comprenderlo sino cuando consiga imitarlo. Pero lo que da mayor importancia a este instinto, es que el niño imprime indeleblemente en su modo de ser aquello que imita.
a) Su interés: Se interesa por todo lo que es vida alrededor suyo, en lo que la gente dice y hace. Le llama la atención el movimiento y lenguaje de los animales y procura imitarlos. Le encantan todos los utensilios y procura hacer con ellos lo que ve que otros hacen.
b) Sus limitaciones: El párvulo ve únicamente lo externo de la acción, pero no alcanza a comprender su móvil ni su objeto.
c) Su necesidad: Necesita ejemplos vivos e históricos dignos de ser imitados, cuentos sobres personas y acciones buenas, y sobre todo que Jesucristo le sea presentado como el modelo que debe imitar. La presentación del ejemplo de Jesús debe hacerse en forma de cuento, relatando lo que Jesús hacía, más bien lo que decía. Si el relato se hace en forma atractiva, el niño lo imitará. No se debe olvidar que el ejemplo es el precepto en acción.
Ø Imaginación: La imaginación es un don precioso concedido al niño para permitirle, una vez que ha imitado lo que ha visto, combinar a su vez, cosas nuevas. La imaginación del párvulo no se debe despreciar pues ella tiene la alta misión de formar los ideales para mejorar y embellecer la vida. La imaginación produce el estímulo que despierta de la inacción al artista, al inventor, al científico, al reformador y les impulsa a obrar.
a) Su interés: Le interesan aquellos juegos o cuentos que reproducen lo que su fantasía ha creado. Su mayor placer es vivir en castillos edificados en el aire. Quien no haya construido castillos en el aire, jamás edificará uno en la tierra.
b) Sus limitaciones: Le es difícil, a veces imposible, distinguir lo real de lo ideal, creado por la fantasía.
c) Su necesidad: Necesita que se le proporcionen asuntos adecuados y buenos para alimentar su imaginación, lo que se puede conseguir por medio de excelentes cuentos, narraciones. Debe contar con la amistad de personas que le sean simpáticas y que puedan apreciar su manera de ver las cosas. Necesita amigos pacientes que sepan soportar su falta de discernimiento y que le ayuden a comprender la diferencia que existe entre lo real y lo imaginario. Debe ser observado de cerca y dirigido con mucho tacto para conseguir por medio de lo positivo, que corrija sus ideas fantásticas. La imaginación de algunos niños necesita ser refrenada; la de otros estimulada; pero la de todos, dirigida.
v Animismo: Íntimamente ligada a la imaginación, existe en el párvulo la tendencia a personificar los objetos que le rodean, a representárselos a su imagen y semejanza y a entrar en conversación con animales y hasta con las cosas inanimadas. En la mente infantil todo tiene vida.
a) Su interés: Esa tendencia al animismo despierta en el niño un vivo interés por la naturaleza y por los cuentos fabulosos, es por este motivo que pasajes y diversas frases de la Biblia como: “los árboles del campo darán palmadas de aplauso” y el relato donde Jesús calma la tempestad, le interesan.
b) Sus limitaciones: El párvulo no puede apreciar la diferencia entre lo animado y lo inanimado, y por lo mismo no tiene el mismo concepto del mundo que le rodea que los adultos.
c) Su necesidad: Los niños inventan sin cesar escenas en las que ellos y sus juguetes son los actores. Lejos de contrariarles, debemos tratarles con mucho cariño y escuchar con mucha paciencia todo lo que tienen que decirnos para poder dirigirlos sabiamente.
PROGRAMA DE LA CLASE DE PÁRVULOS:
Al planificar el programa hay tres elementos a incluirse: la adoración, la instrucción y la confraternidad.
La adoración: ayuda a la reverencia porque lleva la idea de Dios directamente a la mente del niño. La adoración comprende la oración, la lectura de la Biblia y algunos cánticos. Debe cuidarse mucho de que tanto las oraciones como los himnos que se canten, conduzcan al niño a una adoración “en Espíritu y en verdad”. La ofrenda debe comprenderse también en esta parte del programa. Es necesario hacer entender al niño que da para Dios y que: “Dios ama al dador alegre”.
La instrucción: es una parte importantísima del programa, puesto que la Escuela Dominical tiene por fin estudiar la Biblia. Esta fase del trabajo no solo incluye la lección del día, sino también la enseñanza de textos, cantos y oraciones, así como enseñanzas acerca de la oración, la adoración, las ofrendas y las misiones.
La confraternidad: tiene que ver con la parte no formal del programa, creando buena disposición entre todos y despertando la amistad y la hermandad. Con este fin hay en la clase una oportunidad para bienvenidas, despedidas, conversaciones amenas, se festejan cumpleaños, ingreso de nuevos alumnos, así como el regreso de los ausentes. El tiempo de juego es muy importante y debe propiciar un tiempo feliz y a su vez de reafirmación de la enseñanza recibida.
Es de vital importancia que el programa se adapte a los intereses y necesidades de aquellos para quienes se arregla. Dado los conocimientos, experiencia, capacidad y vocabulario limitados del niño, es indispensable la sencillez. Dada la poca atención e inquietud del niño es necesaria la variedad. Es muy conveniente cambiar con frecuencia el programa, puesto que la rutina es monótona.
El programa debe dar libertad de movimiento, como también de pensamiento y expresión. Esto no quiere decir que no sea necesario el orden, sino más bien, que la rigidez exagerada debe evitarse.
El programa debe ser interesante. El párvulo no tiene el poder de prestar atención voluntaria por lo que la maestra tiene que llamarle la atención, cosa que podrá lograr sólo con lo interesante.
El fin del programa para párvulos persigue el siguiente fin:
Conducir al niño a Dios, ayudándole a:
a) Conocer a Dios, el Padre Celestial, quien le ama, provee sus necesidades y le protege.
b) Conocer a Jesús, el Hijo de Dios, quien se hizo un pequeño niño, que iba haciendo el bien y que es amigo y Salvador de los niños.
c) Conocer algo acerca del Hogar Celestial.
d) Distinguir entre el bien y el mal.
e) Mostrar su amor hacia Dios, trabajando con Él y para otros.
Para reforzar la lección se pueden utilizar diferentes recursos, tales como:
_ Cuentos: Además del relato bíblico en forma de cuento, pueden emplearse otros cuentos para subrayar el propósito de la lección o para aplicarla a la vida del niño. Sin embargo debe evitarse el empleo de muchos cuentos para enseñar una lección.
_ Figuras: Las figuras y las láminas hacen más claro y real el cuento. Son especialmente buenas las figuras grandes. Los maestros prudentes harán una colección de figuras que pueden serle útiles en la enseñanza.
_ Objetos: Los objetos contribuyen a hacer la lección más interesante, clara y eficaz, pero no deben emplearse con el párvulo para enseñar verdades en forma simbólica; deben emplearse solo para hacer que los hechos de la lección se comprendan más fácilmente.
_ Cantos: Deben seleccionarse aquellos cantos que se relacionen con la lección, no es cantar por cantar. Esta parte también debe responder al propósito de la lección.
_ Trabajo manual: Por trabajo manual se entiende todo trabajo que los niños hagan, con el fin de reforzar la lección.
_ Representación: A los niños les agrada hacer lo que piensan y cuando hacen lo que piensan, entienden la idea mucho mejor. Una maestra relató la historia bíblica de la oveja perdida, y luego los niños lo representaron. Hicieron las rocas con las sillas. Uno de los niños era el pastor, otro la oveja perdida y los demás niños formaban el rebaño. Cuando el pastor descubrió que le faltaba una oveja, salió en busca de ella, miró detrás de las rocas (sillas) y así halló a la ovejita extraviada y la llevó al redil. ¿Podrán esos niños olvidar aquella historia bíblica? Así en una forma sencilla los párvulos pueden representar la lección o una parte de ella.
jueves, 28 de mayo de 2009
¿Tienen los niños un lugar especial en el plan divino?
Aunque para algunos sea un problema los niños, para otros sea una pérdida de tiempo y quizás hasta alguien piense que no es algo en lo que se deba invertir ni recursos ni nada, hubo alguien que pensó todo lo contrario y que proclamó que los niños sí tenían un lugar especial en el plan divino.
Cuando realizamos un examen profundo de las Escrituras, vemos a Jesús involucrado en el trato con los niños:
Mateo 19:13-15
13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. 15Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.
Marcos 10:13-16
13Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
Lucas 18: 15-17
15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Jesús visitaba la ciudad en aquel día y se divulgaba la noticia por todos los lugares. Las personas no querían perder la oportunidad de conocer a aquel de quien tanto se rumoraba en aquellos días. Las familias enteras salían al encuentro del Maestro. La respuesta de muchos padres cuando escucharon que Jesús estaba en aquel lugar, fue llevar a sus hijos hasta donde estaba el Maestro. Los padres tenían el deseo de que Jesús pusiese la mano sobre sus pequeños y pudiera orar por ellos.
Muy contraria es la respuesta de los discípulos, quienes enseguida comenzaron a reprender a los padres, diciéndoles que no molestaran al Maestro. La actitud de los discípulos pudo haber sido consciente, es decir, sabían lo que estaban haciendo; o era una actitud inconsciente.
Valoremos qué pudo haber provocado a los discípulos tomar estas actitudes, ya que muchas veces son las que toman personas dentro de las Iglesias donde están acudiendo niños para ser tocados por el Maestro.
ACTITUD CONSCIENTE
ACTITUD INCONSCIENTE
ü Apatía por los niños.
ü Pensaron que no era necesario, ya que los niños no tienen problemas.
ü Rechazo a los niños, porque solo se detienen a ver los aspectos negativos de ellos.
ü Tenían la idea de que los padres eran unos desconsiderados.
ü Odio a los niños, los ven como la causa de los problemas, de gastos.
ü No estaban dispuestos a que molestaran al Maestro.
ü Miedo a los niños, ya que usualmente hacen perder mucho tiempo y necesitan mucho cuidado.
ü Querían hacerle el favor a Jesús de que nadie lo perturbara.
Sin embargo la respuesta de Jesús es muy diferente a la de ellos. Jesús se indigna con sus discípulos (Marcos 10:13) y entonces Él les dice: ...Dejad a los niños venid a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos. Me imagino a Jesús diciéndoles: -¿No se están dando cuenta, ustedes están siendo estorbo en el plan que tengo para los niños? Entonces es cuando les hace ver que el que no sea como uno de ellos, o sea, como niños, no heredarán el Reino de los Cielos.
Muchas veces los adultos ignoran o subestiman a los niños, no creen que ellos puedan entender las cosas espirituales. No tienen la visión para ver lo que Dios quiere hacer a través de los niños y cómo Dios ve a los niños.
Hay muchos en las iglesias que no quieren trabajar con los niños porque dicen que están llamados a tener grandes ministerios, ser evangelistas, pero no con niños.
Si seguimos detenidamente el ministerio de Jesús, nos podemos percatar de que Él les dedicó tiempo, amó a los niños, bendijo a los niños, oró por ellos, los incluyó en sus enseñanzas.
Los niños poseen características distintivas que los convierten en un patrón a seguir para heredar el Reino:
ü Son humildes:( Es fácil escucharles decir: no sé, no puedo, enséñame. Es decir reconocen su incapacidad). Tenemos que aprender a reconocer que no podemos hacer nada sin nuestro Señor, reconocer que somos pecadores y que necesitamos de El.
ü Son imitadores (Buscan siempre un patrón a seguir, imitan a sus padres, a su maestra...). El cristiano debe ser imitador de Cristo ese debe ser su único patrón a seguir.
ü Son sinceros (Expresan lo que sienten abiertamente). Delante del Señor tenemos que llegar como somos, sin necesidad de usar ninguna máscara para tratar de ocultar nuestros defectos.
ü Son dependientes (Necesitan que alguien los guíe, les dé ideas, les enseñe el camino a seguir). Siempre debemos ir tomados de la mano del Maestro, es bueno poder decir como el salmista: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
ü Son crédulos (Confían en las promesas. Es por ello que no debemos prometer y que se nos olvide cumplir las promesas para no debilitar su fe).Nosotros también creemos en las promesas de ese Padre amoroso y confiamos en que si El lo ha dicho, lo hará. El niño necesita la verdad, nunca debemos engañarlo.
ü Necesitan cuidados. (Los alimentos deben ser a su hora y no pueden faltarle). Así mismo cuando nacemos de nuevo necesitamos ayuda, debemos alimentarnos diariamente de la Palabra de Dios; si nos falta el alimento, morimos espiritualmente.
ü Representan la buena tierra. (No tienen espinas, heridas, traumas, no se han enfrentado todavía a la vida y por lo tanto tienen una vida por delante para producir frutos).En los niños nadie ha labrado, ni cultivado, al ser una tierra fértil, la Palabra que usted siembre crecerá y dará buen fruto. Como cristianos hemos sido llamados a llevar fruto, y no solo a llevarlo, sino a que permanezca. Pero para eso debemos preparar nuestro terreno, quitar piedras de egoísmo, raíces de amargura, rencores y otras cosas que ahogan nuestras vidas y que por lo tanto no nos permiten producir frutos.
ü Son como un libro: Todo lo que escribas en él quedará para siempre. Como maestro tienes que estar preparado para saber qué vas a escribir en ese libro.
A lo largo de toda la Palabra de Dios, se observan planes especiales con niños, el Señor los escogió para determinados propósitos:
v Samuel-------------------- Profeta
v David --------------------- Rey
v Joás------------------------ Rey
v Josías --------------------- Rey
v Sansón -------------------- Juez
v Jeremías ------------------ Profeta
v Juan el Bautista---------- Precursor de Jesús
v JESÚS-------------------- El Salvador del mundo.
El Señor les tuvo en cuenta al inspirar las Escrituras: ¨ De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza...¨
Los niños también están incluidos en el plan de redención, por lo tanto necesitan aprender y conocer la Palabra, para que puedan reconocer el camino de la salvación. Todos somos pecadores; todos, incluyendo a los niños, necesitamos ser redimidos de la maldición del pecado.
Al analizar la Biblia, reconocemos que ciertamente los niños sí están incluidos en el plan de Dios. Por lo tanto, a semejanza del Señor, nosotros como maestros debemos observar cuidadosamente a los niños, para aprender de ellos lo que es educación; porque educación, en su sentido más amplio, abraza todos los pasos y procesos por medio de los cuales el infante se transforma gradualmente hasta llegar a ser hombre cabal e inteligente.
Observemos que el niño posee un cuerpo humano completo, con ojos, manos, pies -todos los órganos de sentido, de acción y de locomoción- y sin embargo se diferencia del hombre. ¿En qué? Sencillamente en que es un niño. Su cuerpo y sus miembros son pequeños y débiles y sin que pueda usarlos voluntariamente. Sus pies no están ejercitados a caminar; sus manos no tienen la habilidad; sus labios no pueden pronunciar las palabras. Sus ojos no se fijan, sus oídos no entienden. El mundo al cual ha venido le rodea: desconocido y misterioso. Es por esto que el niño necesita preparación espiritual, física, mental y moral.
En la infancia la mente del niño se nutre y desarrolla por medio de sensaciones y percepciones. Auxiliada por los sentidos, recoge constantemente impresiones de lo que le rodea en el pequeño mundo en que vive. A través del ejemplo e influencia de personas, en medio de las cuales se desarrolla, se nutre de ideales y principios; por lo tanto necesita ejemplos tanto vivos como históricos, dignos de ser imitados, así que le debemos presentar a Jesús como el modelo que debe imitar. El niño tiene el instinto de imitación y el mismo es de gran importancia para su desarrollo, porque representa un esfuerzo de su parte por colocarse en el lugar de la persona que imita. Su deseo es comprender lo que percibe, y nunca llegará a comprenderlo sino cuando consiga imitarlo. Pero lo que le atribuye mayor importancia a este instinto, es que el niño imprime indeleblemente en su modo de ser aquello que imita.
Para que el maestro pueda ayudar al niño, tendrá que amoldarse a él en todo. Para conseguirlo deberá estudiar sus características, vigilando sus inclinaciones, teniendo en cuenta sus limitaciones y supliendo sus necesidades.
El niño está apto para el reino de los cielos porque simplemente tiene una visión diferente a la del adulto.
Cuando el adulto mira flores silvestres, ve un montón de maleza que va a crecer en el jardín. Los niños ven flores para mamá.
Cuando el adulto ve un borracho que se sonríe, ve una persona mal oliente, sucia que probablemente quiere dinero y mira para otro lado. Los niños ven a alguien sonriéndoles y ellos en turno le sonríen.
Cuando el adulto escucha música que le gusta, piensa en el hecho que no se entona bien y que no tiene ritmo, entonces escucha callado. Los niños escuchan la música, comienzan a moverse. Cantan las palabras de la canción. Si no se la saben, se la inventan.
Cuando el adulto siente viento en su cara, lo siente despeinando su cabello e inmediatamente se arregla el pelo mientras camina. Los niños cierran sus ojos, abren sus brazos y vuelan hasta que caen en el piso riendo.
Cuando el adulto ora, dice "Padre celestial, te pido esto y lo otro." Los niños dicen: "Hola Dios, gracias por mis juguetes y mis amigos. No quiero que me dé malos sueños esta noche. Perdóname, pero todavía no quiero irme al cielo. Extrañaría a papá y a mamá."
Cuando el adulto ve un charco, camina alrededor. Ve zapatos, ropa y carpeta sucia. Los niños se sientan en el charco. Ellos ven ríos para cruzar y mares para nadar. Me pregunto: ¿Si Dios nos ha dado los niños para que les enseñemos o para que aprendamos de ellos? Con razón Cristo ama a los niños.
Se necesitan definitivamente maestros dispuestos y capacitados para cumplir la tarea de encaminar estos niños en dirección a Dios.
Cuando realizamos un examen profundo de las Escrituras, vemos a Jesús involucrado en el trato con los niños:
Mateo 19:13-15
13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. 15Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.
Marcos 10:13-16
13Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
Lucas 18: 15-17
15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Jesús visitaba la ciudad en aquel día y se divulgaba la noticia por todos los lugares. Las personas no querían perder la oportunidad de conocer a aquel de quien tanto se rumoraba en aquellos días. Las familias enteras salían al encuentro del Maestro. La respuesta de muchos padres cuando escucharon que Jesús estaba en aquel lugar, fue llevar a sus hijos hasta donde estaba el Maestro. Los padres tenían el deseo de que Jesús pusiese la mano sobre sus pequeños y pudiera orar por ellos.
Muy contraria es la respuesta de los discípulos, quienes enseguida comenzaron a reprender a los padres, diciéndoles que no molestaran al Maestro. La actitud de los discípulos pudo haber sido consciente, es decir, sabían lo que estaban haciendo; o era una actitud inconsciente.
Valoremos qué pudo haber provocado a los discípulos tomar estas actitudes, ya que muchas veces son las que toman personas dentro de las Iglesias donde están acudiendo niños para ser tocados por el Maestro.
ACTITUD CONSCIENTE
ACTITUD INCONSCIENTE
ü Apatía por los niños.
ü Pensaron que no era necesario, ya que los niños no tienen problemas.
ü Rechazo a los niños, porque solo se detienen a ver los aspectos negativos de ellos.
ü Tenían la idea de que los padres eran unos desconsiderados.
ü Odio a los niños, los ven como la causa de los problemas, de gastos.
ü No estaban dispuestos a que molestaran al Maestro.
ü Miedo a los niños, ya que usualmente hacen perder mucho tiempo y necesitan mucho cuidado.
ü Querían hacerle el favor a Jesús de que nadie lo perturbara.
Sin embargo la respuesta de Jesús es muy diferente a la de ellos. Jesús se indigna con sus discípulos (Marcos 10:13) y entonces Él les dice: ...Dejad a los niños venid a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos. Me imagino a Jesús diciéndoles: -¿No se están dando cuenta, ustedes están siendo estorbo en el plan que tengo para los niños? Entonces es cuando les hace ver que el que no sea como uno de ellos, o sea, como niños, no heredarán el Reino de los Cielos.
Muchas veces los adultos ignoran o subestiman a los niños, no creen que ellos puedan entender las cosas espirituales. No tienen la visión para ver lo que Dios quiere hacer a través de los niños y cómo Dios ve a los niños.
Hay muchos en las iglesias que no quieren trabajar con los niños porque dicen que están llamados a tener grandes ministerios, ser evangelistas, pero no con niños.
Si seguimos detenidamente el ministerio de Jesús, nos podemos percatar de que Él les dedicó tiempo, amó a los niños, bendijo a los niños, oró por ellos, los incluyó en sus enseñanzas.
Los niños poseen características distintivas que los convierten en un patrón a seguir para heredar el Reino:
ü Son humildes:( Es fácil escucharles decir: no sé, no puedo, enséñame. Es decir reconocen su incapacidad). Tenemos que aprender a reconocer que no podemos hacer nada sin nuestro Señor, reconocer que somos pecadores y que necesitamos de El.
ü Son imitadores (Buscan siempre un patrón a seguir, imitan a sus padres, a su maestra...). El cristiano debe ser imitador de Cristo ese debe ser su único patrón a seguir.
ü Son sinceros (Expresan lo que sienten abiertamente). Delante del Señor tenemos que llegar como somos, sin necesidad de usar ninguna máscara para tratar de ocultar nuestros defectos.
ü Son dependientes (Necesitan que alguien los guíe, les dé ideas, les enseñe el camino a seguir). Siempre debemos ir tomados de la mano del Maestro, es bueno poder decir como el salmista: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
ü Son crédulos (Confían en las promesas. Es por ello que no debemos prometer y que se nos olvide cumplir las promesas para no debilitar su fe).Nosotros también creemos en las promesas de ese Padre amoroso y confiamos en que si El lo ha dicho, lo hará. El niño necesita la verdad, nunca debemos engañarlo.
ü Necesitan cuidados. (Los alimentos deben ser a su hora y no pueden faltarle). Así mismo cuando nacemos de nuevo necesitamos ayuda, debemos alimentarnos diariamente de la Palabra de Dios; si nos falta el alimento, morimos espiritualmente.
ü Representan la buena tierra. (No tienen espinas, heridas, traumas, no se han enfrentado todavía a la vida y por lo tanto tienen una vida por delante para producir frutos).En los niños nadie ha labrado, ni cultivado, al ser una tierra fértil, la Palabra que usted siembre crecerá y dará buen fruto. Como cristianos hemos sido llamados a llevar fruto, y no solo a llevarlo, sino a que permanezca. Pero para eso debemos preparar nuestro terreno, quitar piedras de egoísmo, raíces de amargura, rencores y otras cosas que ahogan nuestras vidas y que por lo tanto no nos permiten producir frutos.
ü Son como un libro: Todo lo que escribas en él quedará para siempre. Como maestro tienes que estar preparado para saber qué vas a escribir en ese libro.
A lo largo de toda la Palabra de Dios, se observan planes especiales con niños, el Señor los escogió para determinados propósitos:
v Samuel-------------------- Profeta
v David --------------------- Rey
v Joás------------------------ Rey
v Josías --------------------- Rey
v Sansón -------------------- Juez
v Jeremías ------------------ Profeta
v Juan el Bautista---------- Precursor de Jesús
v JESÚS-------------------- El Salvador del mundo.
El Señor les tuvo en cuenta al inspirar las Escrituras: ¨ De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza...¨
Los niños también están incluidos en el plan de redención, por lo tanto necesitan aprender y conocer la Palabra, para que puedan reconocer el camino de la salvación. Todos somos pecadores; todos, incluyendo a los niños, necesitamos ser redimidos de la maldición del pecado.
Al analizar la Biblia, reconocemos que ciertamente los niños sí están incluidos en el plan de Dios. Por lo tanto, a semejanza del Señor, nosotros como maestros debemos observar cuidadosamente a los niños, para aprender de ellos lo que es educación; porque educación, en su sentido más amplio, abraza todos los pasos y procesos por medio de los cuales el infante se transforma gradualmente hasta llegar a ser hombre cabal e inteligente.
Observemos que el niño posee un cuerpo humano completo, con ojos, manos, pies -todos los órganos de sentido, de acción y de locomoción- y sin embargo se diferencia del hombre. ¿En qué? Sencillamente en que es un niño. Su cuerpo y sus miembros son pequeños y débiles y sin que pueda usarlos voluntariamente. Sus pies no están ejercitados a caminar; sus manos no tienen la habilidad; sus labios no pueden pronunciar las palabras. Sus ojos no se fijan, sus oídos no entienden. El mundo al cual ha venido le rodea: desconocido y misterioso. Es por esto que el niño necesita preparación espiritual, física, mental y moral.
En la infancia la mente del niño se nutre y desarrolla por medio de sensaciones y percepciones. Auxiliada por los sentidos, recoge constantemente impresiones de lo que le rodea en el pequeño mundo en que vive. A través del ejemplo e influencia de personas, en medio de las cuales se desarrolla, se nutre de ideales y principios; por lo tanto necesita ejemplos tanto vivos como históricos, dignos de ser imitados, así que le debemos presentar a Jesús como el modelo que debe imitar. El niño tiene el instinto de imitación y el mismo es de gran importancia para su desarrollo, porque representa un esfuerzo de su parte por colocarse en el lugar de la persona que imita. Su deseo es comprender lo que percibe, y nunca llegará a comprenderlo sino cuando consiga imitarlo. Pero lo que le atribuye mayor importancia a este instinto, es que el niño imprime indeleblemente en su modo de ser aquello que imita.
Para que el maestro pueda ayudar al niño, tendrá que amoldarse a él en todo. Para conseguirlo deberá estudiar sus características, vigilando sus inclinaciones, teniendo en cuenta sus limitaciones y supliendo sus necesidades.
El niño está apto para el reino de los cielos porque simplemente tiene una visión diferente a la del adulto.
Cuando el adulto mira flores silvestres, ve un montón de maleza que va a crecer en el jardín. Los niños ven flores para mamá.
Cuando el adulto ve un borracho que se sonríe, ve una persona mal oliente, sucia que probablemente quiere dinero y mira para otro lado. Los niños ven a alguien sonriéndoles y ellos en turno le sonríen.
Cuando el adulto escucha música que le gusta, piensa en el hecho que no se entona bien y que no tiene ritmo, entonces escucha callado. Los niños escuchan la música, comienzan a moverse. Cantan las palabras de la canción. Si no se la saben, se la inventan.
Cuando el adulto siente viento en su cara, lo siente despeinando su cabello e inmediatamente se arregla el pelo mientras camina. Los niños cierran sus ojos, abren sus brazos y vuelan hasta que caen en el piso riendo.
Cuando el adulto ora, dice "Padre celestial, te pido esto y lo otro." Los niños dicen: "Hola Dios, gracias por mis juguetes y mis amigos. No quiero que me dé malos sueños esta noche. Perdóname, pero todavía no quiero irme al cielo. Extrañaría a papá y a mamá."
Cuando el adulto ve un charco, camina alrededor. Ve zapatos, ropa y carpeta sucia. Los niños se sientan en el charco. Ellos ven ríos para cruzar y mares para nadar. Me pregunto: ¿Si Dios nos ha dado los niños para que les enseñemos o para que aprendamos de ellos? Con razón Cristo ama a los niños.
Se necesitan definitivamente maestros dispuestos y capacitados para cumplir la tarea de encaminar estos niños en dirección a Dios.
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